Los profesores veteranos hemos asistido a la transformación de nuestro sistema educativo que ha deteriorado nuestras condiciones laborales al tiempo que los resultados académicos.
Antes de la entrada en vigor de la LOGSE, teníamos un trabajo bien definido y con unos objetivos muy claros, éramos especialistas en una asignatura, ahora materia, capacitados para transmitir a nuestros alumnos nuestros conocimientos, para prepararles en las competencias asociadas a esa materia específica, porque sí, trabajábamos cada área por competencias, aunque no lo definiéramos así.
Nuestro trabajo, tenía por supuesto sus dificultades, porque debíamos conseguir que esa transmisión y adquisición de competencias fuese para los alumnos, a la vez que interesante, motivadora, y ahí es donde radicaba nuestro esfuerzo, en buscar y aplicar diferentes metodologías o didácticas de nuestra asignatura en función del grupo de alumnos que cada año teníamos.
Sin embargo hace ya veinte años la legislación educativa cambió y nuestra función principal en el aula ya no era aquella para la que nos habíamos formado y para la que habíamos sido seleccionados a través de un proceso de oposición en el que únicamente se valoraba nuestros conocimientos y la metodología de aplicación.
De pronto pasamos a ser educadores. Nuestro principal objetivo era EDUCAR y, la función de transmitir los conocimientos de nuestra especialidad y conseguir las competencias asociadas a ella pasó a un segundo plano.
El profesor especialista de Secundaria se encuentra con que debe educar, transmitir conocimientos de forma motivadora y a la vez eficaz, a un conjunto heterogéneo de alumnos, donde la diversidad en sus grupos de alumnos es tal, que se encuentra un abanico diverso de aptitudes, actitudes y donde de forma implícita se le traslada que uno de los principales objetivos es que el alumno permanezca en el aula dentro de la jornada escolar, porque la educación secundaria es una etapa de escolarización obligatoria.
El abanico de diversidades que atiende en cada grupo está compuesto por alumnos integrados en el sistema educativo procedente de otros países, escolarizados por criterio de edad sin tener en cuenta sus estudios y conocimientos anteriores, incluido el conocimiento del idioma en que impartimos nuestra materia, alumnos de nuestro sistema educativo pero con desfases curriculares, que en algunas materias instrumentales (pero muchas veces no en todas las horas de esa materia) son atendidos por un profesor de apoyo fuera del aula, alumnos de necesidades educativas especiales, asociados a discapacidades físicas o psíquicas atendidos fuera del aula en proporción parecida a los alumnos anteriores, alumnos que por situaciones diversas, no relacionadas con su capacidad o posibilidades de estudio, se han dejado llevar del ambiente generalizado en su entorno social y tienen varias (más de tres materias) no superadas de los cursos anteriores, alumnos con posibilidades de seguir de forma adecuada la materia, si el ambiente del aula es el adecuado y alumnos brillantes que trabajarían por encima del nivel y currículo establecido para ese nivel.
El profesor y buen profesional de esta etapa, debe crear didácticas y metodologías adaptadas a todas estas situaciones descritas, para conseguir su objetivo a razón de una media de tres o a veces dos horas lectivas a la semana, en materias susceptibles de evaluaciones nacionales e internacionales, como son las matemáticas y las ciencias.
Los principales responsables de la educación de los hijos son los padres. Los alumnos están en la escuela menos de un tercio de las 24 horas del día, durante los 175 días lectivos de los 365 días anuales. En el tiempo que no están en la escuela, tienen responsabilidad sobre la educación de nuestros jóvenes, además de sus padres, la sociedad, los medios de comunicación, las administraciones y los organismos que regulan la oferta de ocio de nuestros adolescentes.
Nadie discute el aspecto educativo de la escuela y los profesores debemos contribuir a ello, pero no hay que olvidar el aspecto formativo. La educación de nuestros alumnos es fundamental, pero creo que su tratamiento es muy diferente en función de la etapa educativa y edad del alumno.
Rosario Marcos Dominguez
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