viernes, 30 de septiembre de 2011

¿DE QUIÉN ES LA ESCUELA PÚBLICA?

La escuela pública es de todos pero al mismo tiempo no es de nadie. Es de la sociedad que ha decidido garantizar que todos sus ciudadanos dispongan de una educación básica y que ha puesto en marcha un sistema para ofrecerles la educación necesaria.

¿Pero si es de todos y no es de nadie, quién la tiene que defender? ¿Quien la puede defender? Yo creo que la tienen que defender todos y la pueden defender todos, pero lo que nadie puede hacer es atribuirse la propiedad y la defensa en exclusiva de la escuela pública. Me refiero evidentemente a ciertos sectores, asociados al ámbito sindical o a un ámbito ideológico de izquierda radical.

La escuela pública es de todos y los padres que llevan a sus hijos a la escuela pública son de todo tipo de ideología y de todo tipo de condición social. Basta ya de demagogia. La escuela pública no ha sido ni es la escuela de los pobres, del mismo modo que la escuela concertada o privada no es la escuela de los ricos.
Por lo tanto todos pueden defender la escuela pública, aunque unos pueden hacerlo con más derecho que otros, a pesar de lo que vemos y oímos, si analizamos los diferentes colectivos que participan de la escuela pública.

Las administraciones educativas son las responsables del funcionamiento de la escuela pública y deben dedicar todos sus esfuerzos a conseguir dotarla de los recursos necesarios para garantizar la máxima calidad posible. Los responsables de esas administraciones ejercen sus funciones de manera temporal y su función no es la de defenderla sino la de mejorarla.

Los padres tienen la obligación de exigir una buena escuela pública, pero deberían hacerlo solamente los padres que tienen a sus hijos escolarizados en ella, no otros. Igualmente, la relación de los padres con la escuela pública es temporal y coincide con el período de escolarización de sus hijos.

Los sindicatos tienen la obligación de defender la escuela pública, pero tienen tantos intereses, en la pública, en la privada, en la concertada, en la política, que difícilmente pueden erigirse en defensores de nada. Desgraciadamente hasta ahora el objetivo de los sindicatos no ha sido el de defender la escuela pública sino el de utilizar la escuela pública para lograr otros fines.

Los interinos, no todos, que últimamente andan en pie de guerra, son profesores temporales en el sistema. Su puesto es “interino” y no tienen ningún derecho a exigir su continuidad ni a considerarse parte permanente del sistema. Son contratados cuando son necesarios y no son contratados cuando no son necesarios. Si quieren ser parte del sistema tienen que aprobar una oposición, como los demás. Mientras tanto deberían asumir su papel de personal necesario, pero eventual, no fijo ni permanente en el sistema educativo.

Finalmente los profesores funcionarios. Los profesores funcionarios son aquellos que han optado por dedicar su vida profesional a la escuela pública. No tienen ningún interés fuera de ella y por lo tanto son los más legitimados para hablar de todo lo relacionado con su profesión. Estos son los que realmente tienen que defender la escuela pública. Es más no solamente la tienen que defender sino que la tienen que proteger. Son los garantes de su buen funcionamiento, de la utilización de los recursos, de la calidad de la enseñanza que imparten. Sólo existe una condición: que esos profesores no antepongan sus intereses ideológicos a los profesionales.

Desgraciadamente, el cúmulo de actores y de intereses es tal, que difícilmente se oye la voz de quien más legitimado está para hablar. Otros se encargan de acaparar la atención, dominar, utilizar, manipular, provocar, revolucionar… mientras que la mayoría de los profesores, como siempre, en silencio, resignados, siguen trabajando día a día, procurando que sus alumnos no se vean afectados por actuaciones ajenas a ellos.

Xavier Gisbert

sábado, 24 de septiembre de 2011

LA ESCUELA PÚBLICA ESTÁ EN PELIGRO. A POR ELLA!

Al parecer la escuela pública está en peligro. ¿Pero quién lo dice y por qué? Por lo visto lo público está en peligro para algunos cuando interesa que esté. Y suele coincidir con los intereses de algunos, por cierto, intereses no públicos sino privados.

Este curso, en la Comunidad de Madrid y en otras, se les ha pedido a los profesores que den dos horas más de clase a la semana, lo cual es perfectamente legal. Eso ha supuesto lógicamente una disminución del número de interinos necesarios. Teniendo en cuenta que la misión de los profesores interinos es la de cubrir la ausencia de un profesor, el número de interinos contratado cada año varía en función de una serie de factores. Todos los años quedan interinos sin contratar porque no son necesarios.
La diferencia con respecto a este año es que el número de no contratados es mayor. Y evidentemente eso explica que la escuela pública esté en peligro. ¿Si se les contratara dejaría de estarlo? Al parecer sí.

Llevamos veinte años con un modelo educativo pésimo, que de manera obstinada produce malos resultados y sitúa a España a la cola de los países de la OCDE en resultados académicos. Sin embargo los recursos destinados a la educación no han parado de crecer año tras año.

Cuando se echa agua en un vaso, éste se llena y luego se desborda. Entonces lo sensato es dejar de verter agua, o cambiar el vaso. Sin embargo en educación esto no sirve. Hay que seguir echando agua sin parar y si a alguien se le ocurre disminuir el caudal, surgen los defensores de la escuela pública, oportunistas insaciables, que no se dan cuenta de que quién más la perjudican son ellos mismos.

Este país no deja de sorprenderme. Les bajan el sueldo a todos y no protestan. Se contrata a unos pocos menos y algunos la lían.

Xavier Gisbert

viernes, 23 de septiembre de 2011

PROFESORES Y VALORES

Si de algo anda escasa la escuela, y de manera muy especial la escuela pública, no es de recursos sino de valores. Así lo entendemos muchos docentes y lo comparten algunas administraciones. Regenerar el mundo de la educación no es tarea fácil, y requiere un esfuerzo decidido y continuado, que incida sobre distintos elementos del sistema educativo. Uno de ello, clave por cierto, es el profesorado.

Pero desgraciadamente parece que de poco ha servido poner en marcha durante años políticas y actuaciones encaminadas a ayudar, a mejorar, a reforzar la imagen de los profesores para que algunos, en pocos días, tiren por la borda todos los logros alcanzados.

La ley de autoridad del profesor, los incentivos económicos, los mensajes a la sociedad, los recursos invertidos en los centros… han conseguido, con mucho esfuerzo, que los profesores empiecen a ser mejor valorados. Sin embargo estos últimos días, la imagen que han dado algunos profesores ha sido lamentable.
Si un profesor aspira a ser un referente social que los alumnos puedan percibir como modelo a seguir, debe ser ejemplo de seriedad, de rigor, de trabajo, de esfuerzo, de dedicación.

Las actuaciones exageradas, radicales y desproporcionadas, la crítica visceral, falsa y demagógica, las manifestaciones grotescas, pueriles y ridículas que hemos presenciado estos días han supuesto un jarro de agua fría sobre un colectivo que debiera merecer todo el respeto del mundo. Pero muchos profesores han tirado piedras sobre su propio tejado.

¿Es esa la imagen que deben trasladar a la sociedad? ¿Con qué fuerza moral se pueden presentar ante sus alumnos quienes llevan como atuendo no la vestimenta digna que se espera de ellos, sino una camiseta reivindicativa que persigue la imposición de una ideología determinada sobre cualquier otra consideración?

Afortunadamente la mayoría de los docentes no se asocia a este tipo de comportamiento y todos debemos seguir trabajando para conseguir que los profesores sean lo que nunca debieron dejar de ser. Tras una caída hay que levantarse y seguir caminando y las administraciones tienen la obligación de seguir apoyando a todos los profesores, incluso a pesar de algunos.

Xavier Gisbert

jueves, 22 de septiembre de 2011

LOS PADRES DEBEN PODER ELEGIR LA ESCUELA DE SUS HIJOS


Con demasiada frecuencia vemos, en los medios de comunicación, personas relevantes que han apostado por un centro privado o concertado para sus hijos, pero que en sus declaraciones públicas defienden una escuela pública de calidad.

Algunos profesores de la escuela pública, ciudadanos acostumbrados a disponer de una amplia oferta para cualquiera de los servicios a los que habitualmente acceden, ven, sin embargo, como un peligro, la diversidad de oferta de escuelas y de proyectos educativos, y lo consideran incluso un ataque a su profesión.

¿Podríamos exigir una mejora en la calidad de la oferta informativa que los  medios de comunicación ofrecen, si dispusiéramos de un único canal de televisión, un único periódico, una única emisora de radio....?
Creo que ni siquiera esos profesores, acostumbrados a disponer de diferentes canales de información, que les abre la  posibilidad de elegir el medio de comunicación que más se ajusta a su forma de pensar, a su ideología o simplemente  a su afinidad, lo harían.
¿Por que el servicio que presta  la educación debe seguir otros parámetros?
¿Es garantía de calidad ofrecer una única vía? ¿Si no hubiera oferta de enseñanza concertada, podríamos afirmar que los padres que llevaran a sus hijos a la escuela pública lo harían por su calidad?  No, lo harían por obligación.
Incluir en el mercado la opción de la escuela concertada supone incluir en el sistema una diversidad de oferta, de modo que cada centro puede trabajar en ofrecer un proyecto propio que permita a los padres acceder a la libre elección de centro y proyecto educativo que consideren que mejor se adapta a sus hijos. Pero eso requiere de un compromiso de los equipos docentes de la escuela pública hacia una definición de objetivos y línea educativa.
La existencia de centros concertados es uno de los factores que permite que la escuela pública mejore, porque la obliga a competir y a ofrecer la máxima calidad.
La escuela pública cuenta, a priori, con todas las posibilidades para hacer que los padres la elijan para sus hijos.
Precisamente por ello, las administraciones educativas trabajan por potenciar la autonomía de los centros educativos y el liderazgo de sus equipos directivos, indicadores ya consolidados como unos de los que facilitan la mejora de resultados en países que los han aplicado en la última década, como es el caso de Polonia, Canadá... tal como se puede observar en el siguiente artículo.



Reforming education

The great schools revolution

Education remains the trickiest part of attempts to reform the public sector. But as ever more countries embark on it, some vital lessons are beginning to be learned


DRESDEN, NEW YORK AND WROCLAW

FROM Toronto to Wroclaw, London to Rome, pupils and teachers have been returning to the classroom after their summer break. But this September schools themselves are caught up in a global battle of ideas. In many countries education is at the forefront of political debate, and reformers desperate to improve their national performance are drawing examples of good practice from all over the world.
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Rosario Marcos Dominguez